Escuchar no es oír: Raúl Bustos y el entrenamiento del oído
Durante su visita para participar del Buenos Aires High End 2026, Raúl Bustos conversó con nosotros sobre entrenamiento auditivo, percepción y neurociencia. En la charla, nos explicó cómo el desarrollo de la escucha puede transformar la manera en que músicos, productores e ingenieros se relacionan con el sonido
Escuchar no es necesariamente lo mismo que oír. Todos los días estamos rodeados de sonidos, pero gran parte de ellos pasan inadvertidos: desde las dimensiones espaciales de una mezcla hasta las atmósferas sonoras de nuestro entorno. Aprender a prestar atención a esos detalles puede cambiar profundamente la manera en que nos relacionamos con la música y con el sonido.
Ese es uno de los puntos centrales del trabajo de Raúl Bustos, fundador y director del Sonic Ear Training Institute, quien desde hace años desarrolla métodos de entrenamiento auditivo vinculados con la percepción y la neurociencia. Su enfoque parte de una idea concreta: la escucha puede entrenarse y ese entrenamiento no consiste solamente en aprender a identificar frecuencias, sino en construir conexiones que permitan interpretar lo que estamos escuchando de una manera cada vez más consciente.
Hablamos sobre el origen de su método, el papel de la atención, la percepción de las tres dimensiones del espacio sonoro y la manera en que las experiencias previas de cada persona influyen en lo que escucha. También abordamos los sistemas de evaluación, la importancia de la práctica, el vínculo entre sonido y memoria y el papel que puede tener la neurociencia en una época marcada por el avance de la inteligencia artificial.
Pero la conversación también tomó un camino más personal: desde la manera en que el entrenamiento puede permitirnos redescubrir canciones que conocemos desde hace años hasta la relación entre música, emociones y recuerdos. Una mirada que termina llevando el entrenamiento auditivo más allá de una herramienta profesional para convertirlo también en una forma diferente de escuchar y experimentar la música y el sonido.
¿En qué momento te diste cuenta de que la capacidad de escuchar críticamente podía entrenarse de una manera mucho más sistemática de lo que habitualmente se enseña en audio y música?
Tengo 15 años como docente y educador y durante todo ese tiempo siempre me apasionó incorporar entre 15 y 20 minutos de entrenamiento auditivo en mis clases. Ya fueran clases de audio digital o de conexiones, siempre entrenábamos el oído.
En ese momento me basé en un método educativo que existía y que todavía existe, llamado Golden Ears. Eso ya estaba un poco sistematizado y empecé a probar, probar y probar. Durante los primeros tres años, aproximadamente, fue bastante a prueba y error. Me frustraba un poco porque no sentía que los chicos avanzaran al ritmo que esperaba y a mí también me costaba encontrar la manera de hacerlo funcionar.
Después de esos primeros años de hacer pruebas, empecé a revisar documentos y libros, como The Art of Mixing de David Gibson, entre otros materiales. Comencé a plantearme supuestos y a hacer pruebas. Pensaba, por ejemplo: si la altura se define por la frecuencia, en algún momento tengo que poder filtrar esa información y sentir la altura.
Pero donde terminé de entenderlo fue hace unos siete años, cuando me topé con la neurociencia. Tomé dos diplomados en el INECO, el instituto fundado por Facundo Manes, y me cambió la vida. Entendí cómo el cerebro dosifica la atención y la percepción. Hasta ese momento ni siquiera conocía la palabra cognición, que define cómo el cerebro interpreta el mundo a través de los sentidos y cómo procesa esa interpretación.
Esos cursos me llevaron a convertirme en un apasionado de la neurociencia. Empecé a documentarme, a estudiar y a hacer más pruebas. También comencé a experimentar con diferentes situaciones: qué pasa si cierran los ojos, qué pasa si les pongo dos o tres cosas y los distraigo con otra. Así fui desarrollando experiencias que vi que daban resultados.
Cuando una persona desarrolla su capacidad de escucha mediante entrenamiento, ¿qué es lo primero que empieza a percibir de manera diferente en una grabación o una mezcla que antes pasaba por alto?
Hay dos respuestas para esa pregunta. La primera es bastante simple: depende del tema que vemos. Por ejemplo, si estamos trabajando con alturas y frecuencias, hay un enfoque fuerte del instructor para hacerte sentir las alturas. Entonces eso se te queda y cuando pasas al siguiente tema, vas a escuchar música y ya empiezas a identificarlo.
Por ejemplo, en una de las clases de Dolby trabajamos con paneos para sentir cómo se percibe el paneo en los audífonos dentro de tu cabeza. Ahí empezamos a entrenar diferentes posiciones y relaciones de energía dentro del paneo. Cuando nos enfocamos en ello, después van a escuchar música y empiezan a sentir los paneos de las baterías y de las percusiones, además de percibir mejor el espacio entre los instrumentos.
Pero la segunda respuesta es mucho más fascinante: depende de la historia de vida y de las perspectivas de cada persona. Si estoy entrenando frecuencias y tengo a un cantante, un baterista y un bajista, sus perspectivas de vida y sus conexiones neuronales previas hacen que se enfoquen en cosas diferentes.
Me ha pasado que alguien me dice: “Profe, me cuestan mucho los graves, no los entiendo, pero 8 kHz y 4 kHz los noto perfectamente”, porque están en el rango de frecuencias de los instrumentos con los que trabaja. Y otra persona me dice exactamente lo contrario.
Entonces, la respuesta concreta es que depende de lo que vemos al comienzo del entrenamiento, pero también de qué persona sea, qué historia de vida tenga y qué conexiones neuronales previas haya desarrollado. Su cerebro va a orientarse hacia aquello con lo que ya tiene una relación.
Sonic Ear Training Institute habla de apoyarse en la neurociencia cognitiva para desarrollar sus metodologías. ¿Qué aportes concretos de la neurociencia cambiaron la manera en que diseñas los ejercicios de entrenamiento auditivo?
Hay muchos aportes, pero los principales tienen que ver con la atención y la percepción humana.
El primer dato importante es que el cerebro recibe gran parte de la información a través de lo que ve. Entonces, cuando estás trabajando en algo auditivo, tienes que entender cómo estás distribuyendo tu atención.
Por ejemplo, cuando lavas los trastes y ves un podcast, cuando vas cantando en el carro o cuando te quieres estacionar y tienes que bajar el volumen, estás dosificando tus porcentajes de atención. No somos multitasking: tenemos un 100% de atención y podemos dividirlo.
Entonces, cuando sabemos eso, podemos diseñar mejor el entrenamiento. Si cierras los ojos al comenzar, tienes disponible una mayor proporción de atención para escuchar, aunque después esa atención también puede estar puesta en otras cosas: qué voy a hacer, qué está pasando, si estoy distraído.
También trabajamos mucho con algo que se llama teoría de la mente: como instructor, construyes una experiencia y registras las reacciones de la otra persona. Nosotros estamos viendo qué quitamos y qué ponemos para que el alumno descubra y sienta todo.
No sirve de nada decirle qué va a sentir; al contrario, lo predispones. Lo que nosotros hacemos es solamente decirle: “Vamos a ir por aquí” e ir probando para que ellos vayan descubriendo y sintiendo.
Una cosa es reconocer que una mezcla “no funciona” y otra muy distinta es poder identificar exactamente qué está sucediendo y por qué. ¿Cómo se trabaja ese salto entre percibir un problema y poder describirlo con precisión?
Creo que los ingenieros lo hemos hecho empíricamente durante años. Primero hay que reconocer qué es lo que está bien, qué está mal o qué es lo que se quiere, y tener una referencia de algo que sea la base.
Lo más importante que hemos descubierto y en lo que nos enfocamos es en dar varios puntos de unión a ciertas cosas. Por ejemplo, la frecuencia puede decirte varias cosas al mismo tiempo: el timbre del instrumento, si está agudo o grave, la tonalidad de la música y la altura del sonido.
Si tú ya entrenaste esos cuatro puntos, porque el cerebro es multirrelacional, cuando escuchas y dices: “Ah, siento que está mal”, cognitivamente recibes la información y puedes referenciarla a esos cuatro o cinco caminos.
“Está muy estridente, pero al mismo tiempo lo siento aquí arriba, en 2 kHz”. Ya lo asocias y dices: “Ah, es frecuencia”. Y te preguntas el porqué, que ese es el segundo paso. ¿Por qué está pasando? ¿Por qué suena así el instrumento? ¿Es el micrófono? ¿Es el cantante?
A partir de allí, tomas una decisión: cambio el micrófono, cambio la ecualización, hago esto o aquello.
Si esas líneas de pensamiento las haces hábito, el cerebro conecta más fácilmente, ya sabe qué es lo que está pasando y por qué. Y entonces, conscientemente, empiezas a tomar decisiones sobre qué corregir.
El temario de los cursos incluye aspectos como planos de profundidad, relaciones entre frecuencias y notas musicales, propiedades dinámicas y escucha referenciada. ¿Por qué es importante entrenar todas esas capacidades en lugar de trabajar solamente el reconocimiento de frecuencias?
En lo que nosotros hemos diseñado, iniciamos con las frecuencias, definitivamente. Yo, en mi formación como instructor, empecé así, pero me di cuenta con los años de que, si aprendes con exactitud las tres dimensiones de la mezcla estereofónica, ya sea con altavoces o con audífonos, si tu cerebro puede sentir con claridad lo alto, lo ancho y lo profundo del espacio sonoro disponible para mezclar, escuchar música y disfrutar, todos los demás temas de audio que veas en ese lienzo van tomando forma.
Por ejemplo, acabamos de hacer un taller de compresión y, como preparativo del entrenamiento auditivo para que sientan la compresión, los chicos vieron profundidad y altura. Ya sentían con claridad la altura y la profundidad y cuando les ponemos un sonido y el sonido viene con compresión, toma forma dentro de ese espacio.
Entonces, la concentración real que hacemos es en las tres dimensiones, pero trabajamos temas que se van develando casi solos en ese espacio. Después viene la parte de la dinámica, que va y viene, o la parte de los armónicos.
Pero sí, la base de todo el entendimiento es poder reconocer con claridad puntos de referencia en la imagen estéreo, en las tres dimensiones de la imagen.
¿Cómo se puede saber si una persona realmente está mejorando su percepción auditiva? ¿Hay ejercicios, pruebas o resultados concretos que permitan medir ese progreso?
Sí, definitivamente. Nosotros hacemos tres tipos de evaluación, pero como una manera de ver hasta dónde va llegando el alumno, no como un examen de “ah, si lo repruebas…”.
La primera es la evaluación del instructor, que te va poniendo cosas a ciegas que tú no sabes qué te va a poner. Vas interpretando y ellos pueden ir comprobando si tiene sentido o no.
La segunda es una prueba a medio curso. Estamos hablando de un curso de un mes, donde la escucha va evolucionando y el hábito se hace con el tiempo. A las dos semanas aproximadamente hacemos un test aleatorio. El estudiante tiene que escuchar el audio, cerrar los ojos, sentir y contestar.
Ellos mismos se dan cuenta y nosotros también de qué cosas ya tienen incorporadas y no tienen que pensar tanto, así como qué cosas todavía analizan pero no pueden resolver.
Y al final del curso hacemos nuestro examen de certificación, que requiere superarlo con más del 80% de aciertos. Ese examen tiene una segunda oportunidad.
El curso se da en una sesión a la semana de tres horas. Se hace entrenamiento, platicamos, hacemos feedback y vemos cómo reaccionan. Después recomendamos estudiar cuatro o cinco veces durante la semana, entre 15 y 20 minutos como mínimo. Pero lo más importante es que el enfoque, la atención y la calidad de estudio valen más que la cantidad.
Hemos podido comprobar, después de varios años, que quien va escuchando progresivamente y entrenando sí va sintiendo la evolución de su escucha.
En una industria donde cada vez hay más herramientas capaces de analizar una señal, detectar problemas e incluso tomar decisiones sobre una mezcla, ¿qué habilidades auditivas considerás que siguen siendo irremplazables para un profesional?
Como hacemos algo artístico y nuestro enfoque es que la gente conecte, una de las definiciones de arte que a mí me gustan es: “algo creado con lo que conectas, que te hace sentir algo”.
Al final es con lo que trabajamos: el ingeniero o productor ve cómo vestir esas emociones que trae la canción o la película. Entonces, esa sensibilidad es lo que nos hace humanos y lo que creo que nos diferencia de un parámetro de una inteligencia artificial.
Yo tengo una idea, sobre todo pensando en los últimos años, en un tiempo de inteligencia artificial: tenemos que enfocarnos más en las neurociencias porque es lo que hacemos, lo que nos hace humanos. Facundo Manes dice algo que me gusta mucho: “el cerebro es el único órgano en el universo que conocemos que trata de entenderse a sí mismo”.
La tecnología nos va a ayudar con las cosas más simples o para hacer cosas más rápido. Creo que las herramientas son herramientas y no van a sustituir a un músico o a un profesional.
Me encanta la tecnología y siempre me vas a ver buscando qué tecnología me puede ayudar más. Pero creo que lo que va a diferenciar de uno u otro es el aspecto humano y emocional: que conecte, que escuches una canción y puedas conectar con lo que estás escuchando desde las primeras notas. Eso es irreemplazable.
Después de tantos años trabajando en entrenamiento auditivo, ¿qué es lo que más suele sorprender a los estudiantes cuando empiezan a escuchar de una manera diferente?
Yo siempre les pido que vayan a escuchar música que sea de su pasado, que los emocione, que sea algo que forme parte de ellos, sobre todo si hace rato que no la escuchan.
Si yo entreno y ahora tengo como esa percepción de las dimensiones y empiezo a reescuchar cosas que yo ya tengo ubicadas y conectadas, ahora empiezo a sentir cosas.
Por ejemplo, en la canción “Knockin’ on Heaven’s Door” de los Guns N’ Roses — una de mis bandas favoritas de más chico — en el segundo verso, se escucha una pala cavando en la tierra en la parte de atrás. Yo, después de entrenar y estudiar todo esto, me puse a escuchar y lo descubrí.
Es algo maravilloso que hacemos los músicos, los productores y los audiófilos también. Cuando llegas al clímax de este entrenamiento y redescubres tu música, empiezas a encontrar espacios que siempre estuvieron ahí, pero que por no tener esta percepción o simplemente no tener los oídos abiertos no llegabas a percibir.
Es como ver una película por tercera o quinta vez: empiezas a ver detalles y cosas que a la primera no viste.
¿Hay algún momento en el que hayas pensado “esto no lo estoy escuchando igual que antes” y hayas sentido que tu propio entrenamiento auditivo había cambiado tu manera de relacionarte con el sonido?
Sí. Pensando en la pregunta, pienso en dos momentos.
De un tiempo para acá he estado tratando de hacer más ejercicio. Entonces, ya con la mente entrenada —y me falta mucho por entrenar—, me pongo los audífonos, empiezo a escuchar música y trato de hacer siempre la misma ruta en el mismo parque, allá en México.
Como que se va en automático el correr y se va en automático todo. Es una base neuronal constante, un anclaje. Voy escuchando cómo está todo repartido, los espacios y es un momento para mí de disfrute musical muy padre.
Luego llega la aplicación de Nike que dice: “Llevas un kilómetro” y siento cómo la música se va hacia atrás, se queda enfrente la voz de la persona diciéndome esto, se quita y luego se viene aquí enfrente. Esa forma de relacionarme con el sonido, con la música y con mi hábito de correr ha sido muy significativa.
Otra cosa que disfruto mucho es en los viajes, en los vuelos. Me bajo música que ame, que haya pasado tiempo sin escuchar o que quiera escuchar nueva. Y ya que estamos arriba, la pongo, cierro los ojos y hago un scan de dónde está todo, disfrutando de los espacios.
Como todos tenemos un sistema de valores y un sistema de emociones, tengo muy claro qué contenido de música sé que me impacta en mi forma de pensar y en mis emociones.
Entonces, cuando estoy en un pensamiento, quiero escuchar algo, reescuchar algo, me pongo mis audífonos y me clavo en mi espacio sonoro feliz.
El arte o la música siguen siendo una cosa, pero el que cambia es uno. Entonces ya lo ves diferente. Redescubrir esa relación con mis pensamientos a través de esa canción, en el lapso de cuando no era papá y ahora que sí lo soy, o todo eso en este espacio sonoro, ha sido muy significativo.
¿Qué cosas escuchamos todos los días sin darnos cuenta de que las estamos escuchando?
Pienso rápido en la comida. ¿Qué cosas estamos comiendo que no estamos disfrutando tampoco?
Mi esposa me explicó sobre el retrogusto. Cuando comes y tragas algo, te deja un sabor. Ese sabor no siempre es el mismo de cuando estabas saboreándolo: a veces va cambiando.
El retrogusto para mí es de esas cosas que siempre están, pero que no hemos percibido.
Y del audio, definitivamente nuestra música y sus dimensiones. El cine, poder sentir cómo está distribuido todo. El cerebro se puede ir directamente con la relación entre qué suena más fuerte y qué suena más bajo y no clavarse en qué está arriba, qué está abajo, qué está atrás o qué está adelante.
Entonces, oímos pero no escuchamos, como de refilón. Creo que podríamos enfocarnos más en lo sonoro y recordar espacios por el paisaje sonoro. Y sobre todo las personas que estamos así, rápido, con el teléfono y con todas esas cosas.
El cerebro tiene esa capacidad: recuerda timbres de voces, recuerda cosas. Somos muy visuales, pero un sonido podría detonar un recuerdo como lo hace un aroma.
Y luego están las relaciones entre sentidos. De hecho, este sentido de la espacialidad que tratamos de sentir, dónde está el espacio, qué frecuencia es, el paneo, la profundidad, es un grado de sinestesia, cuando tu cerebro interpreta un estímulo de una percepción y se involucra otro u otras cosas, como en la película Ratatouille. El cerebro relaciona todo el tiempo una cosa con otra y hay veces que incluso crea recuerdos que no están. Es algo muy interesante que todavía están estudiando los neurocientíficos.
Creo que es por ahí. Lo bueno es que en los últimos 15 años la neurociencia ha tenido avances muy grandes y ha tenido más divulgación. Al tener más divulgación y saber nosotros más, podemos ser más intencionales en ciertas cosas.
Para más información sobre el Sonic Ear Training Institute, visite: https://soniceartraining.com/




